El arte que acompaña la espera: cultura y salud se encuentran en el Instituto Misionero del Cáncer

Cuando una canción alivia el miedo: la experiencia que transforma las salas de espera del IMC. Cada quince días, algo distinto ocurre en la sala de espera del Instituto Misionero del Cáncer (IMC), dentro del predio del Parque de la Salud. Entre turnos, estudios y la incertidumbre propia de un diagnóstico oncológico, la música, la danza o la poesía irrumpen para transformar, aunque sea por unos minutos, la espera en un respiro.

 

 

 

La iniciativa nace de la articulación entre el Trabajo Social del IMC del Parque de la Salud y la Secretaría de Estado de Cultura de Misiones, que desde hace meses despliega intervenciones artísticas itinerantes pensadas específicamente para pacientes en tratamiento. La propuesta ya lleva varias ediciones la última contó con la Escuela Superior de Danza de la provincia y se proyecta como una política sostenida, con la mirada puesta en extenderse próximamente también al Hospital Escuela de Agudos “Dr. Ramón Madariaga”.

Una apuesta que nace del Trabajo Social

La licenciada Silvina Herrera, del área de Trabajo Social del Instituto Misionero del Cáncer, es quien coordina puertas adentro esta experiencia. “Estamos en la segunda edición de esta actividad que estamos haciendo en articulación con la Secretaría de Cultura y el Instituto Misionero del Cáncer”, contó, y explicó el sentido profundo de la propuesta: “Se trata de hacer, una vez cada 15 días, pequeñas intervenciones en la sala de espera con los pacientes que están esperando justamente sus atenciones en el instituto, y tratar de hacer que la espera sea un poquito más leve, un poquito más dinámica”.

 

Detrás de la iniciativa hay una convicción que atraviesa el trabajo social sanitario: el arte no es un accesorio, sino una herramienta terapéutica. “Pensamos que la cultura o el arte es una herramienta de distracción, y más en estos ámbitos nos parece muy oportuno tratar de ofrecer estos espacios pequeños”, señaló Herrera, quien además agradeció públicamente a la Subsecretaría de Cultura por sostener la articulación. La propuesta, adelantó, seguirá rotando semana a semana: “Los vamos a seguir haciendo en el transcurso de las semanas, cada 15 días, para ir variando la propuesta, vendrán diferentes artistas, siempre la Secretaría de Cultura ofrecerá diferentes y versátiles actividades, pero siempre la idea es desde la cultura”.

 

La mirada del Estado: “el arte es salud”

Del otro lado de esta alianza institucional está Joselo Schuap, secretario de Estado de Cultura de la provincia de Misiones, quien recorrió personalmente el instituto para presenciar una de las intervenciones. Su testimonio combina la calidez de quien ha visto de cerca el efecto del arte en pacientes oncológicos con la convicción de una política cultural con vocación sanitaria.

 

“Estamos acá en el Instituto Misionero del Cáncer, en donde la Secretaría de Cultura, desde hace ya bastante tiempo, viene acompañando a las personas que concurren a este lugar por una necesidad de salud, de curación”, relató.

 

Para Schuap, ninguna disciplina artística queda afuera de este propósito. “Creemos que el arte en general, la danza, la música, la literatura, la poesía, el teatro, todas las expresiones artísticas, la plástica, las artes visuales, todo va a contribuir siempre para que podamos curarnos mejor y para sentirnos mejor”, afirmó. Y describió, casi como una crónica en primera persona, lo que significa entrar a la sala con un artista: “Cada vez que entramos y alguien ve que llegamos con un instrumento, que hay un bailarín… la semana pasada nos visitó la Orquesta de Arpas de la provincia de Formosa, antes de volver a su provincia pasaron por acá y nos regalaron un momento. Hoy vinimos con la Escuela Superior de Danza de la provincia y con los amigos de siempre a compartir un poco de música y danza”.

 

 

El funcionario adelantó además la agenda que viene: “Se viene el Octubre Rosa. La Secretaría de Estado de Cultura cree firmemente que el arte es salud, y aquí en el Parque de la Salud es necesario que podamos compartir momentos como este”. Y confirmó que el programa buscará traspasar los límites del IMC: “Somos también de ir metiéndonos, así que en algún momento que nos permita el parque vamos a ir también al Madariaga, vamos a estar en la sala de espera, en emergencias, en lugares en donde realmente la gente tiene muchas horas para aguardar su turno, y levantarle el ánimo y lograr una sonrisa a alguien que está pasando un mal momento, como muchos de nosotros pasamos, es muy importante”. Cerró con una definición que resume el espíritu de la iniciativa: “Nos sentimos útiles, por lo menos un pequeño granito de arena para contribuir a esos momentos difíciles de los demás”.

 

 

Una coyuntura que excede lo simbólico

 

La escena tiene, además, un correlato institucional concreto. El Instituto Misionero del Cáncer viene consolidándose como uno de los centros de referencia oncológica de la región, con una agenda que combina asistencia, docencia e investigación: desde jornadas científicas sobre farmacia oncológica hasta ferias comunitarias en su aniversario de septiembre.

 

En ese contexto, que la Secretaría de Cultura elija sostener una programación estable dentro del instituto no es un gesto aislado, sino parte de una tendencia más amplia en la salud pública provincial, que empieza a incorporar el bienestar emocional y cultural del paciente como una dimensión más del proceso terapéutico, a la par de la tecnología médica y el tratamiento clínico.

 

 

El rol de la Fundación Parque de la Salud

Detrás de este entramado de acompañamiento humano y artístico, la Fundación Parque de la Salud cumple un papel estructural que rara vez se ve, pero que sostiene todo lo demás. Mientras la cultura pone el cuerpo y la sensibilidad en la sala de espera, la Fundación trabaja de manera coordinada en la inversión en tecnología médica de alta calificación, garantizando que el Hospital Escuela de Agudos “Dr. Ramón Madariaga” y el propio Instituto Misionero del Cáncer cuenten con el equipamiento necesario para sostener diagnósticos y tratamientos de calidad desde cirugía robótica hasta medicina nuclear.

 

Esa dualidad, equipamiento de punta por un lado y acompañamiento humano por el otro, es lo que permite pensar al Parque de la Salud no solo como un polo de infraestructura sanitaria, sino como un modelo integral donde la ciencia y el arte convergen en un mismo objetivo: cuidar mejor a quien más lo necesita.

 

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