Mujeres operadas de cáncer de mama tejen una red de contención en el Parque de la Salud

Corazones que abrazan: el proyecto que transforma la recuperación en comunidad “No quiero que a nadie le pase lo que yo pasé”: la red que nació de una cicatriz

 

En el Instituto Misionero del Cáncer, dentro del ecosistema del Parque de la Salud, un grupo de mujeres operadas de cáncer de mama encontró una forma inesperada de sanar: coser. Cada quince días, kinesiólogas, voluntarias y pacientes se reúnen para confeccionar almohadones con forma de corazón, pensados para aliviar el dolor postquirúrgico y sostener, al mismo tiempo, una red de contención que excede lo físico.

La iniciativa, impulsada desde el servicio de rehabilitación oncológica del IMC, se prepara para donar sus primeras piezas en octubre, mes de la lucha contra el cáncer de mama.

Una necesidad que se convirtió en proyecto

Todo comenzó en los pasillos de la rehabilitación, donde las pacientes recién operadas atraviesan uno de los momentos más delicados del tratamiento: el postquirúrgico inmediato. Rocío Pajón, kinesióloga del servicio de rehabilitación oncológica del IMC, es quien coordina el espacio.

“El proyecto empieza con la necesidad de las pacientes de cubrir su cirugía y conocer también que existen medios como para ayudarse y medios para proteger el postquirúrgico”, explica.
Los almohadones no se compran: se donan. Cada uno está hecho con telas que las propias pacientes tenían guardadas en sus casas, retazos con historia que ahora cumplen una función terapéutica concreta. Diseñados con forma de corazón, ayudan a disminuir la presión y el dolor en la zona axilar, un punto especialmente sensible tras la cirugía de mama, y favorecen así una recuperación más llevadera.


El encuentro que le dio origen

Detrás de la iniciativa hay una historia de encuentro entre dos mujeres que atravesaron el sistema de salud desde lugares distintos. Ana Pisak es paciente oncológica, operada de mamas hace un año. “No sabía que existían estos almohadones, y según los movimientos era muy doloroso lo que sentía”, recuerda sobre su propio postoperatorio. Cuando Rocío le comentó sobre el proyecto, no dudó: “Fui la primera en apoyar y decir sí. Lo que yo pasé no quiero que le pase a nadie, el dolor y la molestia”.

Fue justamente ese cruce entre la experiencia de Ana y el trabajo cotidiano de Rocío en la rehabilitación lo que, junto al equipo de Servicio Social del Instituto Misionero del Cáncer, terminó de darle forma a la propuesta hasta convertirla en un espacio estable de encuentro, aprendizaje y acompañamiento.


Coser también es contenerse

Más allá de su función física, el taller cumple un rol que las propias participantes describen como igual de importante: generar comunidad entre mujeres que atraviesan, o atravesaron, un mismo proceso. “El objetivo de este taller es que las pacientes se conozcan, que compartan sus experiencias, que generen una red de contención entre ellas”, señala Pajón, y agrega que cada una, “con sus experiencias, aporta un granito de arena a la sociedad, a todo el grupo que está trabajando”.

Ana lo confirma desde su lugar de paciente y ahora también de tejedora de esa red: “Cada jueves, cada quince días, nos juntamos. Tenemos un grupo que son todas pacientes, operadas de mamas, de otras cosas, y armamos un hermoso grupo. Es también una forma de acompañarnos unas a otras, de contenernos, y de hacer que a las que se van a operar o a las que están operadas no les pase lo que a mí me pasó”.


El Parque de la Salud, motor de una salud integral

El taller de almohadones de corazón se enmarca en una concepción de la atención sanitaria que excede lo estrictamente clínico. Desde el Parque de la Salud sostienen que sanar también implica sentirse acompañado, y por eso impulsan iniciativas que fortalecen el cuidado integral y generan espacios donde las personas en tratamiento encuentran contención, comunidad y esperanza.

Es en ese cruce entre la inversión en tecnología médica de punta y el sostenimiento de espacios humanos como este donde el Parque de la Salud consolida su rol coordinador: garantizar que la infraestructura y el equipamiento calificado convivan con proyectos que ponen el cuerpo y el vínculo en el centro de la recuperación. Cada corazón confeccionado en este taller será, en octubre, un abrazo tangible para otra mujer que empieza a transitar su propia recuperación.

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